La playita
Por Matías Fanucchi I -¿Rubén come bondiola no? La pregunta surgió de la puerta que se abrió a su derecha, Elcira esperaba la respuesta con el teléfono apoyado en sus pechos y con cierto aire ansioso como si del otro lado aguardase una figura célebre a quien le interesase saber las menudencias gástricas de Rubén. José la miró absorto, un tanto incómodo por la irrupción en su habitación y por la estupidez que implicaba contestar aquello. -Sí, contestó, supongo, yo que sé. Dijo José. Elcira suspiró como si por dentro hubiese intuido el desenlace de la conversación y con una mano aún en el picaporte y la otra con el teléfono apoyado aún en su escote, cerró la puerta. Al girar retomaba la conversación con la rotisería de la cual José oyó algunos fragmentos que se iban disipando a lo largo del pasillo que la devolvía a la sala de estar. –Entonces…un sanguche de bondiola y 750gr de vacío…cocido…sin criolla…nada más…no…nada…con 200…¿en cuánto?... Buenas noches. – No solía decir graci...