Un tesoro que no es de oro. Presentación para la Feria del Libro (Tandil 18.8.23)
18 de Agosto 2023
Cuando comencé a escribir este breve comentario surgieron algunas preguntas: ¿Por qué sostenemos tiempos de lectura con niñas/os? ¿Qué es esa escena artificial que montamos, entre comidas, antes de dormir, en una plaza, al borde de una cama, ahuyentando miedos por las noches y tantos otros momentos?
Anticipo, que no tendrán respuesta de mi parte, sino que seremos todos quienes las iremos inventando.
Escena de lectura que irrumpe en el tiempo cronológico diario, escena que nada entiende de la progresión lunes martes etcétera. Y que tampoco es articulable a un horario determinado. Una escena diremos, artesanal. Y para empezar a jugar con estas preguntas, comencé buscando orientación en este cuento de aventuras, de piratas.
Hace un tiempo atrás, asolaban los mares de la tierra, temibles piratas en busca de monedas de oro…
Así comienza la aventura de Manolito en “Un tesoro que no es de oro” de la escritora Natalia Cuesta. Y como tantas historias de hazañas, pensamos en la crianza, en su apuesta continua pero imposible, en esos mares tormentosos de preguntas, inquietudes, inseguridades, temores…siempre con el deseo puesto en esa búsqueda utópica del mar calmo, apacible, seguro.
Claro que no vamos a adelantar ni relatar los infortunios y peripecias de este grupo de bucaneras y bucaneros. Sí contar que esta historia del pirata Manolito, no es una más. Porque cuando comenzamos a transmitirla, de forma oral o acompañando la lectura, comenzamos a intuir que Manolito nos interpela, como un espejo o mar apacible, nos devuelve nuestro propio reflejo. Y ahí estamos nosotros, cansados, trabajando como él, guardando para no usar, bailando a un ritmo que no podemos disfrutar. Sin notar que mientras más carguemos nuestro barco, más difícil será avanzar y livianos…ponernos a jugar.
Avanza la lectura y nos vamos encontrando de a poco con referencias a los tiempos de la infancia. Algo se ha conmovido en ese barco. Acontece una catástrofe. Y la cubierta se ladea de babor a estribor y pone a toda la tripulación a prueba.
La novedad, ya nada volverá a ser lo mismo. El destete, la llegada de una hermana, los primeros pasos y la angustia que estos suelen generar, no es cualquier cosa poder alejarse a voluntad de los nuestros, el inicio de un jardín y así podríamos seguir…
Estos nuevos momentos nos invitan, como a Manolito, a suspendernos, suspendernos incluso en lo angustiante, detener el tiempo y como funambulistas que sobre una soga no avanzan pero mantienen un balanceo suave de arriba abajo, nos permite, como cuenta la psicoanalista Anne Duffoirmantelle, germinar la paciencia, una nueva medida de tiempo que frente a la urgencia, el apuro, el desconcierto, cauteriza las heridas…La paciencia como un arte, sutil, a veces olvidada, donde se cocina toda creación.
Y ahí está la potencia de la paciencia, paciencia necesaria para detenernos en nuestra lectura en algún dibujo, objeto, color, que salgan de la línea narrativa del cuento…es que esos desvaríos y derroteros SON también el cuento, de ellos nacen tantos otros relatos e historias.
Y de ese momento de suspensión, de espera, de paciencia surge un nuevo continente, desconocido, inhóspito hasta ese momento, una nueva forma de habitar el mundo. La creación surge de este momento. Y esas nuevas tierras ahora son iluminadas por la lectura. Lo desconocido nos es un poco más familiar, hoy el mundo se ha expandido y contraído al mismo tiempo.
Y este mundo ha llegado gracias a nuestra voz. Voz que arrulla, que canta, que calma, que cuenta historias. Historias que mañana serán anécdotas del patio de la escuela, secretos, confidencias entre amigos y penas.
Otra posible respuesta al por qué leemos y compartimos lecturas con infancias, se desprende del segundo momento del cuento. La autora nos ha llevado a la invención de un nuevo tiempo. Un nuevo hogar, refugio para estos bucaneros. Otro motivo por el que leemos, para lograr diferenciarnos de ese tiempo expresado por las agujas del reloj. E inaugurar uno nuevo, encarnado por la voz, sostenido por el cuerpo y enlazado siempre a un otro.
Pero también, y para ir finalizando este breve comentario, cuando hablamos de inventar un nuevo tiempo, hablamos de trascender un libro, llevar esa escena oral a otros espacios por fuera de las hojas, inventar nuevos tiempos en salas de espera, en viajes en colectivo, en una primer consulta con el dentista y tantos más. En esos retrasos que se demoraron más de lo debido.
Una última imagen que me gustaría evocar y que dialoga con estas literaturas que aquí las escritoras presentan, es en torno al documental “La cueva de los sueños olvidados” de Werner Herzog, donde se registra el hallazgo de pinturas rupestres de nuestros antepasados del paleolítico superior en las cuevas de Chauvet en el sureste frances, hace más de 30 mil años. Allí se encuentran impregnados en los muros: bisontes, caballos, osos, mamuts, leones e incluso palmas de manos y las primeras figuras humanas. Uno de de los investigadores que fotografió durante días una serie de leones pintados sobre una gruta, relata que durante las noches posteriores soñó con leones…pero no con las pinturas que él había fotografiado durante horas, sino con imágenes reales de leones en movimiento. El mensaje, 30 mil años después había llegado, lo real de aquellas pinturas pasadas se habían encarnado en él.
Se inaugura allí, de una forma poética, el nacimiento del alma humana moderna, en aquel salto pictórico, figurativo que nos hizo y hace seres tomados por el lenguaje.
Ayer como hoy nos contamos historias, las tallamos en cuevas, escribimos en una hoja, dibujamos con lapiceras sobre una mano amiga y siempre las dirigimos a un otro para que este las continúe.
Quizás, una orientación en el interrogante al porqué leemos y compartimos lecturas con infancias pueda llegar de la voz de la socióloga Michele Petit en su libro “Leer el mundo”,
“Te presento a aquellos que te han precedido y el mundo del que vienes, pero te presento también otros universos para que tengas libertad, para que no estés demasiado sometida a tus ancestros. Te doy canciones y relatos para que te los vuelvas a decir al atravesar la noche, para que no tengas demasiado miedo de la oscuridad y de las sombras. Para que puedas poco a poco prescindir de mí, pensarte como un pequeño sujeto distinto y elaborar luego las múltiples separaciones que te será necesario afrontar. Te entrego trocitos de saber y ficciones para que estés en condiciones de simbolizar la ausencia y hacer frente, tanto como sea posible, a las grandes preguntas humanas, los misterios de la vida y de la muerte, la diferencia de los sexos, el miedo al abandono, a lo desconocido, el amor, la rivalidad. Para que escribas tu propia historia entre las líneas leídas.”
Muchas gracias
Tandil 18.8.23
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