“La otra hija” de Annie Ernaux, una escritura de la ausencia.

 Nada de lo que sucede en la infancia tiene nombre”, así describe Annie Ernaux, en un pasaje de su novela La otra hija, aquellos primeros años de vida de la protagonista. Sentencia que podremos tomar a modo de brújula e invocación. Ya que desde una escritura que se acerca al diario íntimo, al monólogo interior, la protagonista nos lleva a un hogar francés de la primera mitad del siglo XX, a la historia de una mujer y una ausencia. En torno a esa ausencia se trazarán los recortes, retazos, fotografías, recuerdos propios y ajenos en los que la protagonista se apoya para ir reescribiendo dos historias al mismo tiempo. 



Como un rompecabezas, donde la elección de la pieza inicial siempre es un exordio azaroso, la pequeña novela de la premio Nobel de literatura, nos invita a hurtadillas, casi agazapados y desde una habitación alejada del centro de la escena, a intuir, apenas oír, aquellas frases que han trazado la vida de quien narra. Y es por esta estrategia narrativa que la escritora francesa puede desarrollar toda una serie de recuerdos que se organizan fragmentariamente y de los cuales solo podremos ir dando cuenta en tanto comprendamos que aquí, en La otra hija es el presente quien altera el pasado. Ese presente dicho a medias. Ese pasado silenciado y silente, que se ha escrito antes de que la protagonista advenga a la vida. Porque allí reside el poder de la literatura de Ernaux. Esa historia que nos antecedió, esa persona con quien no hemos compartido existencia, tiene efectos en la actualidad, acarrea angustias, fantasmas y secretos. 

Si nada de lo que sucede en la infancia tiene nombre, como refiere la autora, esta novela juega con invertir y desandar esa frase. Mediante una escritura íntima, como si se tratase de un zurcido invisible, el cual en su búsqueda de restaurar una prenda a su integridad original, tendrá que tomar prestado, de otra parte de la misma, en ocasiones un dobladillo, los mismos hilos para enmendarlo. Ernaux nombra y cose el tejido familiar de un duelo que no se llevó a cabo, de una muerte que nunca dejó de ensombrecer su vida, de una ausencia que la memoria familiar exilió y ella, como una Antígona moderna y antagónica, viene a exhumar. 

La lectura de La otra hija recientemente traducida por Galo Ghigliotto en la editorial “Los libros de la mujer rota”, se puede abordar con aquella observación de Stephen King en su novela Misery. “Los escritores lo recuerdan todo, en especial lo que les duele. Desnuda a un escritor por completo, señala sus cicatrices, y él te contará la historia de hasta la más pequeña de ellas. Está muy bien tener un poco de talento si quieres ser escritor, pero el único requerimiento real es la habilidad de recordar la historia de cada cicatriz.” Anne Ernaux, no sólo nos presenta una escritura prodigiosa sino también el adentrarnos en la profundidad de una cicatriz que creíamos suturada. 


Por Matías Fanucchi 

Febrero del 2024.



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