La Farolera, un abordaje terapéutico grupal dirigido a infancias

 PRIMER CONGRESO INTERNACIONAL EN ARTE - TANDIL 2024

“Procesos creativos, prácticas expandidas y territorialidades “

GT N° 7: POÉTICAS EN TERRITORIO: PRÁCTICAS SITUADAS Y ARTES EXPANDIDAS

Palabras Claves: Arte, psicoanálisis, praxis, psicoanálisis, juego.

Título: La Farolera, un abordaje terapéutico grupal dirigido a infancias. 

Lic. Fanucchi Matías



Buenos días, muchas gracias por estar acá hoy con nosotros y nosotras. Mi nombre es Matias fanucchi, soy psicoanalista egresado de la facultad de psicología de la UBA. 

Antes de comenzar, permítanme expresar la preocupación creo que compartida por todos de la situación crítica que atraviesan las universidades nacionales del país. Leyendo el breve comunicado que ayer por la tarde emitió la UBA y la Federacion Universitaria Argentina 


La UBA se declaró en emergencia presupuestaria


El Consejo Superior declaró por unanimidad la emergencia presupuestaria de la Universidad, y adhirió y convocó a la Marcha Nacional Federal Universitaria que se realizará el día 23 de abril de 2024. 

El presupuesto asignado actualmente, incluyendo la actualización parcial anunciada por el Estado Nacional en el mes de marzo, constituye un recorte en términos reales del 80%, es decir que por cada 10 pesos con los que contaba nuestra Universidad en marzo de 2023, hoy tiene 2 pesos.

Esta medida pone a la UBA en riesgo de desfinanciamiento, y compromete sus funciones esenciales como la educación, la investigación, y la atención médica a más de medio millón de personas, ya que los hospitales universitarios tampoco recibieron recursos por parte del gobierno.

Este reclamo por la situación presupuestaria resulta necesario para garantizar el funcionamiento de las universidades públicas.


CONVOCAMOS A LA MARCHA NACIONAL FEDERAL UNIVERSITARIA QUE SE REALIZARÁ EL DÍA VIERNES 23 de abril del 2024.

 









  1. Presentación del dispositivo grupal. La Farolera se presenta como un dispositivo grupal terapéutico con anclaje artístico. Se lleva a cabo en La Lumbrera, institución de la ciudad de Tandil dirigida por la Lic Florencía Belgrano, institución que aúna una orientación psicoanalítica con arte. Esta actividad se dirige a infancias y se la dividió en dos grupos etarios. Uno de 3 a 6 años y otro de 7 a 9 años. Los encuentros tienen una frecuencia semanal y la cantidad de participantes no es mayor a 5. La duración es variable pero hemos acordado un tiempo de una hora para el desarrollo de las propuestas. Todos los encuentros son coordinados por un/a psicoanalista y una profesora de Artes, Natalia Naranjo.  


  1. ¿Por qué un espacio grupal? Se plantea un espacio grupal desde  un inicio porque consideramos al semejante como el principal promotor y constituyente de la subjetividad del infante. Pero no solo un semejante, que bien podría estar presente en el par paciente/psicoanalista en una sesión individual, sino el semejante propiamente niña/o y donde la pareja psicoanalista/profesora de artes visuales ofician de terceridad. Será pues en el interjuego de estas tres posiciones donde las niñas y  niños hagan su nuevo deambular, paseo y comiencen a encontrarse en lo lúdico y artístico. 


  1. ¿Quienes consultan? Padres y madres suelen acercarse al espacio en muchos casos porque algo en su hija/o les preocupa. Las palabras con las que viene acompañada esta demanda de inclusión en el espacio: es irritable, ansiosa, se  pelea mucho, no para de correr por toda la casa, no hace caca, no quiere jugar con otros, no estudia, son coordenadas que alojamos pero en el mismo movimiento dejamos en suspenso, fuera del espacio de juego grupal. Palabras que como veremos más adelante requerirán todo un trabajo de desustancialización y  pasaje por la asociación libre  y el significante. A fin de lograr una des-ontologización del padecer que ellos observan en su hija/o. A qué nos referimos con esta des ontologización. A que esta niña/o llega a las primeras consultas portando una mirada de estos adultos, unos  rasgos, un síntoma que será tarea nuestra ubicar de quien es y si puede armarse por las propia potencia del dispositivo, un nuevo estar con ese síntoma, un rasgo propio. Este nuevo rasgo estará en relación con sus grupo de juego y ya no con esta designación parental. Volveremos sobre el final a esta des ontologización del sujeto. Al  consultar madres, padres, tendremos que apuntar a abrir estas miradas, demandas que traen a preguntas, consultas, inquietudes. Pensar esta vez de forma grupal, ¿qué lugar ocupamos en esto que nos preocupa de nuestra/o hija/o? 


  1. El grupo de padres: con una frecuencia mensual, se  cita a las madres y padres de los participantes del dispositivo. En este espacio se propone un armado grupal de aquellas preguntas con las que llegaron pero tamizadas por  la escucha de quienes sostienen la actividad con sus hijas/os. La propuesta de este encuentro tiene como objetivo también el armado de una red de crianza por fuera de lo escolar, donde sean las  madres y padres quienes entre ellos, escuchando a otros puedan pensar y mirar desde otro lugar a su hija/o. Lo que en un primer momento se presenta como un espacio de devolución de lo trabajado, se transforma en un historizar en torno a la llegada de esa hija, a los a avatares de los primeros encuentros, a las preguntas y dificultades que atravesaron y al lugar que ellos tenían en la función que desean o apuntan a sostener. Ya que como repetimos en muchas ocasiones, el lugar de madre o padre poco tiene que ver con la filiación biológica/orgánica, sino más bien con la construcción de una función que sólo adviene al momento de abrir la pregunta de ¿qué es ser una madre/padre? 

Pregunta que sostendremos durante todos los encuentros  con las familias, pregunta que viene acompañada de prejuicios, ideales, repeticiones familiares, apuros. El encuentro mensual con estas madres y padres, se fue orientando a crear una nueva grupalidad por fuera de la ya establecida por sus hijas/os. Ahora en el regreso a casa serán las niñas/os quienes les consulten qué  habían conversado con Natalia, Matías y Florencia. 

Ese grupo creado ex nihilo donde lo  que opera es un corte, de la escena parental, con ellos los niños. Corte necesario para armar algo novedoso. Una nueva escena pero esta vez exclusiva de las madres/padres. Si en los primeros encuentros primaban las expresiones que apuntaban a las dificultades de su hija, aquello que se mostraba como difícil de acompañar, en los encuentros siguientes, se comenzó a instalar producto de  las devoluciones que  hacíamos de las hijas/os a ellos, otra mirada. Aquel que  en el colegio no paraba de correr y dispersar a todo el grupo, aquí en la Farolera era quien coordinaba una carrera de una punta a  la otra del salón donde cada niña tenía que elegir un animal diferente e interpretarlo para lanzarse a la carrera. Las corridas anárquicas de este niño ahora podían asentarse en un juego con determinadas reglas, ese juego exploratorio y deambulador que expresaba en el colegio, pudo comenzar a asociarse a una regla y un otro, un par en el juego. Re escribir lo sintomático supone siempre una operación de  lectura sobre qué lugar tiene el otro para esa infancia. Un otro muy presente, excesivo, deficitario, con una transmisión de lo lúdico pobre, con una posición con respecto a la ley endeble. Esas son las operaciones propuestas en el espacio, se apunta entonces a poder re escribir estas modalidades de despliegue de lo infantil (para no usar la palabra conducta, tan actual asociada al orden de lo etológico/animal). 


  1. Aprender a jugar. El juego como tal es toda una elaboración en la infancia y propone siempre un encuentro  con un otro. El juego parte desde el semejante, desde los primeros reconocimientos de miradas, risas, caídas de objetos, luego pasarán al plano bidimensional y aparecerá el dibujo con el garabato, los primeros juegos de deambulación, exploratorios hasta llegar a los narrativos. Pensar el juego desde el concepto de acto, quien juega, cuidador, madre, padre, hermano, psicoanalista, no analiza ni interpreta, solo juega, actúa. No hay otra finalidad que la del jugar, lo que lleva a quien sostiene este juego a correrse del centro, Ricardo Rodulfo psicoanalista argentino señala “el jugar en tanto verbo tiende a no reconocer otros límites que los que se encuentran jugando; tiende por supuesto a una transgresión indefinida y porque sí, sin necesidad de enfrentarse a nadie. Jugar es una operación que  no se apura a ponerse límites, a jugar no importa por qué” p.139  (padres e hijos en tiempos de la retirada de las oposiciones) Es a partir de estas concepciones de lo lúdico, del jugar como acto creativo y subjetivante que se sostienen las actividades y propuesta en el dispositivo de la Farolera. 

Durante un encuentro, una niña de 3 años, con una marcada decisión de no comunicarse de forma verbal con sus pares de juego, motivo  por el cual se integra al dispositivo, se vio envuelta en una actividad de lo más interesante y lúdica que se gestó sin coordinación previa. Habiendo una cajón de madera donde se guardan muchos disfraces, de a uno empezaron a entrar las niños/os a esta caja, el resto de los chicos colaboran en este ingreso, la caja se cierra unos segundos y quienes están afuera,  como en un acto de prestidigitador, gritan qué animal va a salir de ella. Llegó el turno de esta niña, hasta el momento silente, y todos al unísono “un gatito!”, se abrió el cajón…y tímidamente del fondo de ese agujero, como una Alicia en reversa, se oyó un …miauuuu…, todos se echaron a reír y continuaron con el siguiente participante. Una niña que convivía cotidianamente con un mundo excesivamente adulto y a la cual se le tuvo que mostrar un  verdadero entramado infantil, un semejante que podía  jugar y que podía sostener estas palabras que ella traía consigo. Que  no resultaron pocas. Pensando la infancia como ese entre, entre esa niña silente que ingresa a la caja y que con la colaboración y complicidad de sus compañeras de juego puede salir hablando. Un entre que sostendremos durante todas las actividades porque es allí donde reside el sujeto con el que trabajamos, un sujeto atravesado por el  significante, que existe a partir del significante, de la inmixión del lenguaje del otro en el sujeto. 

A partir de esta mínima viñeta, ¿dónde estaban las palabras de esta niña, la cual era presentada como si  se tratase de un “mutismo selectivo”? Expresión de la cual podemos rescatar  lo de selectivo, ya que había en ella una selectividad sobre el lugar donde iba a tomar la palabra. Ya que en su mundo adulto, lo que no se le había enseñado era a jugar con otros.  Es decir, primaba el primer movimiento del juego del cajón donde ella quedaba segregada del mundo, en su cajita, faltando el segundo movimiento, donde sus pares tomen una propuesta lúdica y la relancen para que ella pueda responder. 

Retomando la lectura de Anne Dufourmantelle psicoanalista francesa, “y lentamente balbuceamos, buscamos nuestras  palabras (extraña expresión aquí también, de acaparamiento, puesto que las palabras nunca son primeramente nuestras, siempre son las palabras de otros, u otras palabras, habladas  por aquellos que  nos preceden…) pero nos agarramos de la convicción heróica de que  las palabras nos salvan si las hacemos nuestras. Como si nuestro mundo sólo debiera su presencia a algunas palabras pronunciadas en la oscuridad.” (Elogio del riesgo .}p.127 

Pensamos entonces a este dispositivo como una nueva posibilidad de nombrar el mundo, nombrarlo desde una mirada infantil, atenta, dispersa, errática, a las apuradas y también calma, mientras dibuja, mientras panza arriba al finalizar el encuentro, juegan con los ojos cerrados a imaginar mundos porvenir.

En el encuentro con sus pares a partir de lo lúdico y artístico, recreando obras con títeres, creando monstruos con bolsas de madera, pintando una historia todos juntos, se pondrá a circular una palabra, ahora desprendida del discurso familiar, una marca propia e íntima, nacida de un nuevo lugar que ha saltado a la exogamia.

Dufourmantelle así lo narra: “Las palabras vienen después. Después de la certidumbre íntima y turbadora del acontecimiento, después de lo real, después del nacimiento, después de la misma muerte, siempre vienen a colocarse desfasadamente, intentan dar sentido a lo que tan sólo da vertigo, reformulan recuerdos y les imprimen una tranquila seguridad. Las palabras registran nuestras coartadas, nuestra demanda de que esto sea así, nuestra creencia de que  hablamos el mismo idioma, de que las palabras por sí solas podrían cambiar algo; y esto último es cierto porque la inmensa potencia de  las palabras proviene de aquella emoción primera, definitiva que las liga a nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo que piensa, que espera, nuestros cuerpos enloquecidos y llorosos, y también a veces libres de las palabras.” p. 128-129.

  1. Una última reflexión en torno a la des-ontologización de la infancia. Parto del término ontología, disciplina que se ocupa de la definición del ser y de establecer las categorías fundamentales o modos generales de ser de las cosas a partir del estudio de sus propiedades. Disciplina en la que se ha apoyado gran parte de las reflexiones filosóficas de la modernidad. Y uso el término ontología, atinente al ser, y no etiqueta, por ser este último de carácter muy superficial. Cuando se  habla de no etiquetar a las niñas/os, con tal o cual diagnóstico, se pierde en esta expresión que una etiqueta es muy fácil de despegar e intercambiar con otra. En cambio hay una vía de pensamiento actual y que trae mayores dificultades. La de pensar ontológicamente al sujeto, es decir, sostener su malestar desde el SER, esta niña es…inquieta, dispersa, autista, violenta, neurótica, peleadora, aburrida, egoista, y tantas otras expresiones que los analistas oímos asiduamente en el consultorio. 

Propongo retomar la reflexión del psicoanalista argentino Alfredo Eidelszstein, donde en primer lugar sitúa que esta apoyatura privilegiada sobre el Ser deriva en  primer lugar de una posición eurocentrista ya que si miramos un poco a nuestras latitudes podremos encontrar el universo del pueblo Quechua donde en su lenguaje no existe la palabra Ser, sino más bien la palabra Estar. Siguiendo a Rodolfo Kusch,  antropólogo y  filósofo argentino, especialista en el estudio de estos pueblos, en su libro América Profunda desglosa una filosofía quechua apoyada  en el Estar y en la identificación con el ambiente del suelo que se habita. Si occidente sostiene su filosofía en el Ser y en una sobre ontologización del sujeto, hoy lo vemos en el sujeto sobre representado e hiperconectado con infinitos perfiles en distintas redes sociales. El pueblo Quechua se apoya en el Estar, el Mero Estar (que podría extrapolarse al “Ser alguien” en occidente) 

Este rodeo latinoamericano aquí propuesto, rodeo que considero necesario y una lectura pendiente aún, para el psicoanálisis por  venir, lo propongo como una variante de lectura. El poder acompañar una infancia desde esta categoría de pensamiento Quechua como el Mero Estar nos invita a darle transicionalidad al momento que está atravesando la niña/o. No Es agresivo, disperso, peleador, inquieto, sino que Está agresivo, disperso, peleador, inquiero. Y en esa operación que Des ontologiza un malestar permitimos que ingrese una lectura más cercana a lo temporal y menos cristalizada. Lectura que posibilita una continuidad por sobre la fijeza ontológica. 

En uno de nuestro últimos encuentros la propuesta fue con disfraces, todos nos teníamos que disfrazar, así comenzamos a ayudarnos, a buscar cual nos quedaba más cómodo, cual nos daba más o menos verguenza y sobre todo la operación del disfraz, como máscara moderna, que nos remite al juego más primitivo, aquel donde soy y no soy al mismo tiempo. Allí donde el Ser no encuentra donde hacer equilibrio y le da lugar al mero estar. Disfrazarnos para re escribir ese primer disfraz que vimos en el otro y fueron esas manos tapándose el rostro y preguntando “¿a dónde está? y al momento siguiente revelar el encanto descubriendolas con un estruendoso ¡acá está! 

Sostener una clínica en una pregunta supone una práctica incómoda. Cada vez que un paciente se retira del consultorio y termino de ordenar el caos de aquel campo de combate, o casa de muñecas o lo que sea haya advenido a ese espacio. Intento re lanzar la pregunta ¿por qué jugamos a esto o aquello? Con los disfraces, cada vez es una respuesta nueva, algunos disfraces cubren inhibiciones, otros encubren tristezas, otros  revelan héroes y algunos acompañan duelos. Mero estar. Entonces la pregunta en el horizonte tendrá que ser, no por qué, muy vecina de la ontología sino ¿Cuándo jugamos a esto o aquello? adentrándonos en un dimensión temporal transitiva, donde ser y no ser pueden convivir, donde damos lugar a que este juego solo tenga como fin pasar al siguiente.


Alfredo Eidelsztein (2015). Otro Lacan: Estudio crítico sobre los fundamentos del psicoanálisis lacaniano.

Rodolfo Kusch (1999) América profunda. Buenos Aires: Biblos

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